Quien pasa por la puerta de ‘El Jardín de Ruzafa’ no puede menos que pararse y observar la decoración y la parafernalia que rodea a esta histórica tienda del barrio. Pepe Vaquer es, como mínimo, un tipo tan peculiar como feliz y sanote.
Desde hace 52 años tiene abierto este comercio que comenzó como un ultramarinos y que ha derivado hacia las plantas y las flores. Y ahí sigue Pepe, que se hace llamar Baker en un ejercicio de marketing. «Si me ponía mi nombre normal no podía dibujar el Miguelete en las letras. Con la k lo conseguimos». A partir de aquí todo en la tienda tiene su porción de excentricidad, pero eso sí, con solera.
Pepe nació en Benifaió y se vino a Valencia cuando el padre de la alcaldesa, el periodista José Barberá, le recomendó al equipo blanquinegro. De una tacada tres hermanos ficharon por el club y Pepe se vino a la ciudad (para dejar constancia de tamaña hazaña tiene un recorte de la fecha en una de las puertas del negocio). No debutó con el primer equipo porque cayó presa de la fiebre maltesa que mataba «al 90% de las personas que la cogían». Pero Pepe se salvó y comenzó su carrera futbolística que ya nunca pudo despuntar. El dinero que ganaba con el fútbol lo gastaba «en vicios», porque de familia los Vaquer estaban bien ‘arregladitos’.
En 1957, su padre, al ver la vida disoluta de sus hijos decidió montarles una tienda a cada uno de ellos y a Pepe le tocó el ultramarinos de la calle Matías Perelló.
El local iba como la seda. Y Pepe fue uno de los pioneros en entender que el futuro estaba en el autoservicio. Así que se lanzó a la nueva forma de entender el negocio de la alimentación. Lo que no sabía es que la nueva dinámica de las tiendas le iba a cambiar la vida ya que se convirtió en comercial de una empresa de estanterías. Se lanzó a la carretera (aún lo sigue haciendo, «podría conducir un fórmula 1», dice) y siempre que podía se daba una garbeo por Benidorm donde podía bailar con las turistas pasodobles para después «llevarlas a ver el mar desde la montaña». Hasta aquí puede leer…
Las representaciones le llevaron por toda España hasta los noventa cuando, jubilado, decidió volver al negocio casero que ya había cambiado por la insalvable competencia del «Superette y después de Juanito Roig», se refiere al dueño de Mercadona. La tienda es ahora un vergel atípico. Pepe y su mujer, Consuelo, mantienen el mismo mobiliario de antaño y en los escaparates («hay seis y hay muy pocas tiendas que tengan tantos, por eso hay tanta gente que quiere este local») la gente se encuentra desde una poesía que le ha escrito una amigo suyo hasta un cartel hecho por Pepe en el que pide por favor que la gente ayude a siete inmigrantes a conseguir un trabajo.
También hay un cartel que salta a la vista, por repetido, y es el del anuncio de traspaso que pretende hacer para poder jubilar a Doña Consuelo porque él tiene cuerda para rato. Entre el truc, la pilota valenciana y la asociación de veteranos del Valencia, Pepe no tiene intención de estancarse en la vida.
[...] trataba de Pepe Vaquer, el propietario de un ultramarinos del barrio fundado en 1957, reconvertido a Jardinería, llamado [...]