Por los euros que “nos dieron”

Publicado por on Ene 4th, 2012 y clasificado en Artículos, tus noticias. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

Cristina Peris.- Desde mi total ignorancia de los intríngulis de las ciencias económicas (como sucede a la inmensa mayoría de los ciudadanos de a pie de este país, todo sea dicho) quiero reivindicar hoy lo que sabe a estas alturas todo hijo de vecino en esta España del siglo XXI donde ya no llega a fin de mes más que Amancio Ortega y Botín y sus secuaces: con la peseta vivíamos mejor.

Recuerdo el tiempo, no tan lejano, en que pretendían introducirnos en esa novedad que significaba, según se pensaba entonces, el progreso y el desarrollo, subirnos al carro de Europa, la modernidad y otras lindezas por el estilo: el euro. Aquellos simpáticos anuncios en televisión donde se nos concienciaba de que quinientos euros eran más de ochenta y tres mil pesetas, y mil pesetas seis euros; aquella expectación que precedió al momento en que los tuvimos en nuestras manos, contantes, sonantes, nuevecitos, recién acuñados ellos… “¿los has visto ya?” era la frase que sonaba por doquier aquel 1 de enero del 2002, fecha en la que entró en vigor. No sabíamos la que se nos avecinaba. Inmediatamente vinieron los anuncios (que presagiaban ya lo peor) conminándonos a ir solo a los establecimientos que mantuviesen sus precios sin aplicar, al cambio, el redondeo al alza que la picaresca, tan característica de este país, comenzó a aplicar sin excepción en todas partes, excepto a la hora de abonarnos nuestros sueldos y pensiones, claro está, que seguían estando a niveles anteriores al euro pues en ellos sí aplicaban el cambio pesetas-euros exacto, sin ningún tipo de redondeo. El otro día, cuando un conocido realizó aún una conversión euros-pesetas al salir de un restaurante, me pareció ya marciano: “Unas cervezas y una tapa nos han costado cuatro mil pesetas”, dijo.

En la cotidianeidad del día a día, a nadie nos salen las cuentas. “Favorecerá la exportación y los viajes al extranjero”, se decía entonces. Hoy son tantas las cosas que ha desfavorecido… Paulatinamente y sin apenas advertirlo, la población española se ha ido empobreciendo hasta llegar a unos puntos alarmantes. Pero ¿qué se puede esperar si con unos sueldos de mileuristas (con suerte) estamos pagando los productos a precios sobrevalorados, impensables en aquella España nuestra de la peseta? A nadie nos alcanza para estos precios tan “europeos” que tenemos. Por poner un ejemplo, un paquete de papas nos cuesta en un comercio 250 pesetas de las de antes. Imagínese usted que lo tiene que volver a vender, se le puede poner el paquete en 500 pesetas, eso si el comerciante es benévolo.

Con el euro, los ricos se han empobrecido un tanto y los pobres se han tenido que ir a Cáritas a comer porque ya no les llega ni para lo más básico. Ejemplos tenemos tantos, casi, como habitantes en el país: ahí tenemos a Juan que con su sueldo en pesetas llegó a contar con unos ahorritos, ahorritos que ha dilapidado con el euro, pues ya no llega a fin de mes. O a Flora, pensionista que malvivía con la peseta y que actualmente se ve abocada a ir al comedor de Cáritas porque ya, simplemente, no puede vivir con su pensión, ni mal ni bien.

Ahora las últimas noticias son que hay que salvar el euro, que está en crisis. Los británicos son los únicos que parecen haber acertado quedándose al margen.Oiga, ¿y no podemos volvernos tranquilamente a nuestra peseta y tan ricamente todos? Pues no. Dicen que si un país de la eurozona volviese a su antigua moneda, esta se devaluaría automáticamente un 40 por ciento. O sea, que estamos en aquello de tires por donde tires te pilla Ramírez. Con la peseta, si volvemos, mal, y con el euro, como estamos, peor.

Yo, como los personajes citados anteriormente y seguro que muchos más, lo que digo es: paren el carro que yo me bajo. Si hubiésemos sabido todos el berenjenal en el que nos estaban metiendo, no hubiésemos aceptado tan ingenuamente el cambio de nuestra divisa. ¿Seré tachada de muy reaccionaria o contraria al progreso si digo que ojalá nos hubiésemos quedado como estábamos? Me temo que por la mayoría de los españoles, no. Yo me siento engañada, ¿y ustedes? Y, por último, si todos pensamos igual ¿cómo es que a ningún político se le ocurre la manera de sacarnos de este atolladero? pues para eso les pagamos con nuestros impuestos. Interesante pregunta, aunque no creo que nadie la pueda responder, ni siquiera esos mismos políticos que nos han vendido tanto la moto con sus promesas electorales.

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